
Su nombre actual se origina del griego hemero=día y kallos=belleza, refiriéndose a una de sus importantes características: cada flor dura sólo un día. Es una de las plantas preferidas para cultivo en jardines, pues además de muy fácil cultivo posee la exuberancia de las plantas más aristocráticas.
Las hojas se originan de la base, son lineares y estrechas, con la nervadura central muy marcada. La inflorescencia surge de un largo escapo floral y contiene de dos a cinco flores cada uno. Las flores tienen tres sépalos y tres pétalos y se parecen a los lirios (de la familia Liliaceae). Son amarillas en la especie H. flava y anaranjadas en la H. fulva. En los híbridos (H. x hybrida) distintos colores ya han sido producidos, con excepción del blanco puro y del azul. La floración es influenciada por la variedad hortícola, pero en general ocurre en los meses más calurosos en climas subtropicales y templados y durante todo el año en regiones tropicales.
Presenta gran versatilidad y rusticidad en el paisajismo, es una excelente bordura por el efecto marcante de sus hojas, de la misma forma se destaca en macizos o grupos. Es la flor electa para jardines de poca manutención, como en edificios y jardines públicos. En Oriente, su utilización va más allá del paisajismo, enriqueciendo la culinaria y la medicina popular.
Se deben cultivarlos en suelos fértiles, abonados con materia orgánica e irrigados periódicamente. No tolera terrenos encharcados. Algunas variedades aprecian el frío, otras presentan buena tolerancia. Se multiplican por la división de los cepellones, formando plantones con hojas y rizomas bien formados. Las hojas se deben cortar por la mitad durante el plantío.
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