
Planta muy rústica y poco exigente, con delicadas flores rosadas. Muchas veces surge hasta como planta espontánea en los jardines. Hay aún variedades con flores en los colores rojo y blanco, aunque no presenten la misma rusticidad de la planta original.
Se debe cultivarla a pleno sol, en suelo fértil y con riegos regulares. El desmoche (quitarle las puntas) en la fase inicial estimula la ramificación en esta especie. Pueden adornar los jardines, en macizos y borduras. Se debe cambiarla a cada dos años, pues pierde la belleza inicial.
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