
La alamanda violácea es una planta muy rústica y bonita. Presenta ramas largas y moradas y hojas aovadas, coriáceas, verdes y brillantes. Las flores son grandes, de colores envejecidos, que incluyen el rosado, el morado, el amarillo y el crema, según la variedad. La floración se puede extender por todo el año, sin embargo es más abundante en los meses calurosos.
En el jardín se puede plantarla aislada o en grupos, formando macizos e hileras. Sin embargo es más común su utilización como trepadora, cuando tutorada adecuadamente sobre soportes, a través de atados. De esta forma puede cubrir arcos, espalderas y cenadores, entre otros más. Por ser una planta tóxica, se debe tener el cuidado de mantenerla lejos de niños chicos y cachorros.
Se debe cultivarla a pleno sol, en suelo fértil, liviano, rico en materia orgánica y con riegos regulares. Debido al peso del ramaje vigoroso, se debe evitar su uso en cenadores y cercas más frágiles. Su crecimiento es moderado. No tolera el frío intenso. Se multiplica por semillas y estacas.
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